De vacunas y franquicias

Tras el anuncio realizado por la farmacéutica Pfizer en relación a la nueva vacuna, parece que el final del túnel está cada día más cerca para nuestra sociedad. Quizá aún no veamos la salida con claridad, pero ya podemos empezar a vislumbrar un punto de luz.

La franquicia, por ser un sistema empresarial ciertamente transversal, tiene influencia sobre una gran parte de los sectores de actividad del mercado. Especialmente en lo que se refiere al comercio y a la hostelería. Es por esto que en sí mismo refleja perfectamente el dramatismo de la situación que estamos viviendo.

En la actualidad, las noticias del posible final de la pandemia se mezclan con altos números de contagios y de fallecimientos. El mismo día que Pfizer anunciaba las cualidades de su vacuna (con una eficacia del 90% frente a la COVID) morían en España 411 personas. Y el desempleo en nuestro país aumentaba en casi 100.000 personas en el mes de octubre.

Esto da una idea de hasta qué punto es para muchos una necesidad que empecemos a tener esperanzas con el final de la pandemia y lo importante que es también para la economía retomar la senda del crecimiento.

Los protagonistas

Enfocándonos en la franquicia, en el lado de los franquiciadores, existen dos preocupaciones principales. Por un lado y principal, sus puntos de venta (franquiciados). Por otro lado, su necesidad de seguir creciendo. Es previsible que con la llegada de buenas noticias la demanda tanto de consumo como de franquicias comience a incrementarse. En lo que se refiere a esto último, está claro que hay mucha inversión paralizada desde marzo a la espera de encontrar algo de certidumbre. Veremos cómo activación se hará notar de forma importante en el sector con la apertura de nuevos establecimientos.

De la misma forma, hay muchos empresarios que desean franquiciar su empresa, y se plantean lanzarse con este sistema de comercialziación. Ven en la franquicia una fórmula ideal de crecimiento. Algunos, temerosos, prefieren esperar. Otros prefieren tener todo listo para, cuando el mercado se abra, llevar el rodaje necesario.

Los franquiciados, los peor parados

En lo que se refiere a los franquiciados son, sin duda, los grandes perjudicados. Los que más sufren. Para muchos emprendedores la inversión realizada para la apertura de un negocio en franquicia exige recurrir a una buena parte de su patrimonio. Y en muchos casos a endeudarse. Es evidente que si las cosas no van bien puede esperarles un destino faltal. Por eso es importante que los franquiciadores se hagan cargo de la situación y sepan colaborar y apoyar a sus franquiciados no solo económicamente (eliminación o reducción de royalties y derechos), sino también anímicamente. En estos momentos difíciles también el franquiciado necesita el aliento del franquiciador.

Los gobiernos y administraciones no deben ser ajenos esta situación. Por mucho que se prefieran ponerse de perfil. No solo hay un consumidor reacio y temeroso a consumir en locales físicos, sino que además hay toques de queda, cierres obligados. Son las administraciones en estos casos las que tienen que hacerse cargo. Un empresario no puede hacer frente a sus gastos (local, personal, gastos corrientes, etc.) si no ingresa. Y lo peor que puede suceder (también para la administración) es que terminen cerrando.

Finalmente, los propietarios de los inmuebles querrán cobrar sus alquileres también. Los pequeños propietarios tendrán que negociar. Los grandes centros comerciales deben hacerse también cargo de la situación y obligados a negociar igualmente. Su posición de fuerza no debe ser obstáculo. No es el momento de mirar intereses espúreos, sino de llegar a acuerdos. Obviamente, cuanto más unido esté el comercio y con él las cadenas, mayor fuerza y mejores resultandos conseguirán. Debe ser algo global.

En definitiva, la situación es compleja, por eso un poco de luz al final del túnel es tan necesaria. Esperamos que esta vez sí, sea la buena.