La importancia de la formación en la franquicia

La formación está en el ADN de la franquicia. Es, sin duda, uno de los capítulos más importantes que toda cadena franquiciadora debe contemplar. Y es que se trata de una herramienta básica. A través de la formación se canaliza la transmisión del saber hacer por parte del franquiciador al franquiciado. De hecho, el adiestramiento siempre ha de considerarse como una inversión.

La formación del franquiciado es uno de los aspectos que cada vez se imparte más seriamente. A él se destinan cada vez mayores recursos por parte de las centrales franquiciadoras, ya que es una función ineludible del franquiciador. Estos son conscientes de que es un periodo fundamental para transmitir el saber hacer. Y también para orientarles en el conocimiento y la filosofía de la marca. Tampoco olvidan que unos simples cursos antes de poner en marcha el negocio no son suficientes para que todo quede perfectamente claro y definido. Es necesario ayudar en la práctica y reciclarse continuamente.

La formación, factor característico de la franquicia

Este aspecto del sistema de franquicia es tan importante que en su aplicación radica una de las principales diferencias entre una franquicia y una oportunidad de negocio. La formación inicial y continua es patrimonio de las enseñas. Y se alarga durante todo el periodo por el que se firma el contrato.

Como explica Álvaro Ortiz de Zarate en su libro Manual de franquicia, “por formación no podemos entender el recibir unas charlas iniciales, un manual del negocio o visitar a otros franquiciados. Es mucho más que eso. Supone un proceso continuo que asegure un cambio de mentalidad y de actitud. Y la puesta a punto en los nuevos productos o servicios que puedan surgir en el mercado”.

Fomación inicial

Normalmente, antes de proceder a la apertura del negocio se suele impartir lo que podríamos llamar la primera fase del apartado formativo. Aquel en el que se empieza a conocer a fondo la filosofía y la forma de trabajar de una determinada cadena. De ahí que esta etapa inicial suela dividirse en dos tipos de adiestramiento:

  • Teórico: donde se va a transmitir el saber hacer de la enseña, su funcionamiento, posicionamiento en el mercado, diferencias con los competidores… En definitiva, se ofrece una descripción detallada del concepto.
  • Práctico: donde el asociado, e incluso el personal que tiene trabajando para él, aplican todos los conocimientos teóricos adquiridos. Normalmente se hace en un centro piloto destinado a tal efecto o incluso en la propia tienda del franquiciado.

Una vez que empezamos a franquiciar una empresa, no debemos dejar cabos sueltos. Por este motivo, la formación es la herramienta idónea para facilitar al franquiciado toda la información necesaria. Información relativa a temas como la actividad en la que se opera, los procesos de elaboración, las técnicas de venta… Pero también a las campañas de publicidad y marketing, el aprovisionamiento, el personal adecuado, el manejo del programa informático…

Sin duda, toda esa parte de explicación en un aula es necesario plasmarla en realidad sobre el papel en un establecimiento. Este suele ser normalmente propiedad de la central. Sólo de esta manera el asociado sabrá lo que es afrontar al día a día del que será su negocio. Se enfrentará directamente con una jornada laboral normal. Y viendo en la práctica las situaciones que también a él se le pueden plantear.

Y es que, como señala el propio Ortiz de Zarate, “un buen adiestramiento es el que se recibe haciendo cosas prácticamente, ejecutando en la tienda piloto lo que después tendrá uno que repetir en su negocio. El aprendizaje no es sólo un proceso memorístico, sino de actitud mental y de aplicación práctica”.

Formación contínua

La formación contínua en la franquicia es fundamental para garantizar el buen funcionamiento de las unidades franquiciadas

De todos modos, y aunque ya se haya cubierto la primera parte del entrenamiento, ni mucho menos se debe dar por finalizado. Más bien al contrario. El momento en el que el franquiciado levanta el cierre de su local es uno de los más esperados, pero también comienza un camino difícil, en el cual surgen dudas e interrogantes. Y para despejarlos, las centrales serias y profesionales ayudan al asociado en esa andadura. Desplazan personal especializado que le preste apoyo y asesoramiento. Al menos durante los primeros días o incluso a veces semanas.

No obstante, tampoco ha de acabar aquí la formación. A partir de ese instante, se ha de alimentar un contacto fluido y permanente. El objetivo será afianzar la buena marcha de la actividad. Y es que un seguimiento es fundamental para evitar errores e imprecisiones. Y también para estar siempre al día de las demandas y las tendencias del mercado.

Amparándose en todas estas circunstancias, muchos franquiciadores han puesto en marcha una serie de herramientas, encaminadas a que no se pierda esa relación fluida entre ambas partes. Son, por ejemplo:

  • Cursos periódicos de formación: las campañas promocionales, las estrategias novedosas, otros productos o servicios… obligan a organizar seminarios puntuales para ponerlo en conocimiento de toda la red.
  • Cursos de reciclaje: suelen realizarse con el objetivo de refrescar los conocimientos ya adquiridos, actualizándolos e incluso potenciando aquellas áreas del negocio que no funcionen adecuadamente.
  • Convenciones de franquiciados: cada vez con mayor asiduidad, las cadenas reúnen a toda su red en este tipo de eventos, para que directivos y franquiciados compartan experiencias, intercambien ideas, analicen los resultados obtenidos y fijen las previsiones a conseguir. Es una fórmula que favorece la comunicación entre las dos partes.
  • Formación on line: las nuevas tecnologías ya están siendo utilizadas por un buen número de enseñas, tanto para que sus propios franquiciados realicen cursos de formación a través de Internet como para tener un contacto permanente con ellos, por medio de intranets o áreas privadas.

La formación en franquicia, siempre una inversión

Existe un dicho dentro del mundo del management que reza lo siguiente: “Si piensa que la formación es un gasto… ¡pruebe con la ignorancia!”. Con esta frase queda perfectamente claro que el aprendizaje ha de ser considerado como una inversión.

Partiendo de todos estos parámetros, la formación debe estar dotada de un sentido práctico y efectivo. Desde luego, siempre ha de ser preocupación y tarea del franquiciador disponer de los soportes y los canales idóneos para hacer llegar a sus asociados todo el saber hacer de la enseña.

¿Cuánto debe durar la formación?

Finalmente, y con respecto a su duración, conviene señalar que la formación de carácter inicial dependerá de la actividad en la que se encuadre la enseña elegida. Lo habitual es que se alargue desde una semana hasta un mes. No obstante, hay conceptos que sólo requieren un día de adiestramiento y otros hasta incluso un año. Sea como fuere, el periodo por el que se ha firmado el contrato entre franquiciador y franquiciado será el que determine la duración del entrenamiento. Y es que nunca se deja de aprender. Y además hay que reciclarse continuamente.

Para lograrlo es muy importante contar con personal que ayude al asociado en esta tarea.

Así pues, la formación nos da la oportunidad de que nuestros franquiciados optimicen sus esfuerzos, continúen la línea marcada por la franquicia y se sientan mucho más integrados dentro de la red. Esto redundará no solo en beneficios para el franquiciado. También para el franquiciador.

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